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Diario de Mallorca

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OBLICUIDAD

Mallorquín de alicante roba corazón en Navarra

Durante cuatro días consecutivos, Diario de Mallorca ha publicado en su portada de papel un anuncio de un módulo de publicidad, al cambio de quinientos euros y con el enunciado en prosa «Mallorquín de Alicante roba el corazón a una navarra el 6 de julio en estos sanfermines. Aludido escriba a Apdo. 412231007 Pamplona. Navarra». Un requiebro amoroso al ritmo de una solicitud de empleo.

Al tratarse de un procedimiento hoy tan original por extemporáneo o salido de su tiempo, se debe precisar que la declaración de amor es rigurosamente cierta. Una joven navarra ha decretado que el medio es el romanticismo y que el romanticismo es el mensaje. Escrito en un periódico de papel, lanzado al océano en una botella. Que cunda el ejemplo. Cada mínimo emprendedor contemporáneo dirige su publicidad a 7.500 millones de seres humanos. En este caso, el target es una sola persona, curiosos abstenerse.

Subsiste la incógnita sobre si el destinatario se ha dado por aludido, por sí mismo o porque un amigo le ha preguntado «¿tú no fuiste al chupinazo de los sanfermines, y además naciste accidentalmente en Alicante aunque vivas en Mallorca?» La inquietud no surge solo de la lectura del diario inicial, puede provenir por ejemplo de la decena de reportajes televisivos en todas las cadenas sobre la llamativa estratagema para dirigirse al conocido de un solo día o noche. Un dato resulta indiscutible, cualquiera que haya recibido noticia del anuncio se ha sentido obligado a expresar su opinión, con demasiadas voces femeninas reprochando a la solicitante que «¿no viste que no iba de ti?»

La navarra con el corazón robado no se ha encomendado a las redes diabólicas, se ha confiado a la tradición. Su texto concentra un río de significados en pocas palabras, como en el imperativo «aludido, escriba». No se le ofrece alternativa, pero tal vez el señalado no ha escrito nunca una carta, si tiene menos de cuarenta años. Metidos a Sherlock Holmes, cuántos mallorquines con vínculos alicantinos se desplazaron a Pamplona para el chupinazo. Probablemente uno solo, cabe esperar que no tenga una vida privada compartida. Por lo visto no compartió su número de teléfono, el DNI tecnológico. El sueño de todo intermediario es que el lazo se reanudara a través de su aportación al intríngulis, aunque el fracaso no consistiría en la ausencia de respuesta, sino en un reencuentro decepcionante.

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