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Diario de Mallorca

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Artículos de broma | Boris no puede defraudar

No, no vale siempre decirse pueblo y sentirse defraudado. Y menos entre gente con tradición democrática tan antigua como los británicos. ¿Que hubo fiestas en la sede gubernamental de Downing Street en las pasadas navidades mientras el gobierno pedía a los ciudadanos que se quedaran en casa y que el primer ministro, Boris Johnson, lo negó? Sí ¿y qué? ¿Qué Boris Johnson pidió en un whatsap más dinero al multimillonario conservador que pagó los gastos de reforma en el departamento que es residencia oficial cuando se creía que sólo se trataba de una inadecuada canalización de las donaciones en la que el gran rubio no tenía nada que ver? Vale ¿cuál es el problema? ¡Es Johnson! Las personas pueden creer a los líderes que ofrecen credibilidad, pero Johnson se mueve más en el plano de lo increíble.

En Estados Unidos, Donald Trump perdió las elecciones, pero no parece que haya defraudado a nadie. No se enfrentaba a la credibilidad porque lo que ofrecía era fe, una traslación a los demás de la muestra en sí mismo. Presentaba una credibilidad alternativa, que no hacía falta que se contrastara con la verdad, y sus seguidores se la iban creyendo alternativamente. Por eso está preparando sorda e incansablemente su regreso, a la espera de que sus incondicionales, siendo los mismos, superen en número a los seguidores del contrario en cada estado.

Boris Johnson nació en el barrio más pijo de Nueva York —renunció a la nacionalidad estadounidense— y es licenciado en Filología clásica por Oxford. Estas cosas, en una sociedad clasista como la británica son importantes. Se esperaría de él que se comportase como le corresponde por nacimiento y formación, pero manifiesta una patanería vocacional acorde con un discurso cínico sin referente moral en el que reflejarse, lo que excluye cualquier reproche de hipocresía.

¿Cómo puede la prensa sensacionalista reprochar a alguien que no es de fiar que no sea de fiar? Hay una regla que vale para las personas que siempre defraudan y es que jamás decepcionan.

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